“En Sudáfrica vive cierto escarabajo, el cual, durante el invierno, se guarece en un hueco excavado en el suelo. Con la llegada de la primavera se caldea la tierra y emergen los insectos. Pero lo curioso es que los escarabajos machos asoman, aturdidos, unas semanas antes que las hembras. En esta misma región de Sudáfrica crece una especie de orquídea que desprende un aroma idéntico al de la sustancia sexual emanada por el escarabajo hembra.
Lo cierto es que la evolución de la orquídea y el escarabajo ha coincidido en la producción de una molécula básicamente igual. Resulta además que el escarabajo macho es extremadamente corto de vista, y los pétalos de las orquídeas presentan una configuración que el miope insecto confunde con la hembra de la especie en postura sexualmente receptiva. Por espacio de varias semanas el insecto macho se despacha a gusto con las orquídeas, mientras que estas son fecundadas por polinización cruzada gracias a los enardecidos insectos. Con ello, uno y otro organismo logran su objetivo” (Carl Sagan, Los Dragones del Edén, 1997)
Lo cierto es que la evolución de la orquídea y el escarabajo ha coincidido en la producción de una molécula básicamente igual. Resulta además que el escarabajo macho es extremadamente corto de vista, y los pétalos de las orquídeas presentan una configuración que el miope insecto confunde con la hembra de la especie en postura sexualmente receptiva. Por espacio de varias semanas el insecto macho se despacha a gusto con las orquídeas, mientras que estas son fecundadas por polinización cruzada gracias a los enardecidos insectos. Con ello, uno y otro organismo logran su objetivo” (Carl Sagan, Los Dragones del Edén, 1997)

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